Hay
firmas de las que te gusta casi todo, porque su estilo te va o porque
simplemente conectan con tu idea de lo que es elegante. Encontrar un “chispazo”
(una prenda o complemento que no acabas de decidir si te chifla o te horroriza)
en una de esas firmas no suele ser habitual. A mí me pasa eso con Oscar de la
Renta. Me gusta el colorido de sus prendas, los cortes soberbios de sus faldas
y sus trajes de fiesta llenos de detalles de lo más chic. Y me cuesta encontrar
“chispazos” en sus colecciones. Pero siempre hay una primera vez para todo y
esta vez el chispazo ha sido con uno de sus bolsos: El bolso Concorde.
Para
empezar, y por mucho que me lo expliquen, no acabo de relacionar el nombre del
bolso ni con su forma ni con su espíritu. ¿El Concorde no era un avión? ¿Y en
qué recuerda este bolso a un avión? Se supone que el Concorde era el no va más
del diseño aeronáutico y se supone que este bolso es el no va más del diseño de
complementos…
Vale,
está hecho a mano en piel de lagarto troquelada y tiene dos posiciones, como
bolso bandolera y, quitándole la cadena, también sirve como bolso de mano. Pero,
a primer golpe de vista, a mí me recuerda a una petaca. Que en vez de bolso
parece que llevas el chupito de whisky colgando del hombro. No lo acabo de ver
claro… ¿y vosotras?





